Una
investigación, que ha tenido lugar en el Instituto Karolinska
(Suecia) ha indicado que los síntomas de la dermatitis atópica se
agravan, de una manera muy frecuente, a causa de la ansiedad. Otra
investigación, que ha tenido lugar en la Universidad de Wroclaw (en
Polonia) ha indicado la relación entre el prurito o el picor de los
pacientes, que han formado parte del estudio, con dicha patología y
su nivel de estrés, en su día a día. El síntoma que más se
repite es el picor, con gran intensidad, en la zona afectada y las
lesiones que más se repiten son el eccema -o sea, un enrojecimiento,
inflamación, vesículas y costras, en la zona afectada-, el prurigo
o pápulas con vesículas en su cúspide, que va a desaparecer con el
rascado, que van a ser sustituidas por una costra pequeña, y la
liquenificación o formación de placas, de una piel engrosada. En
dichos casos, la enfermedad no sólo va a poner en entredicho nuestro
aspecto físico, sino que va a afectar al estado emocional a causa de
que el picor es, sobretodo, nocturno y se asocia, en la mayoría de
los casos, con trastornos del sueño.
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