Según
un estudio del Observatorio de Hidratación y Salud (OHS), más del
80% de los ancianos bebe una menor cantidad de agua, de lo que le
hacía falta. A esta falta de consumo de líquidos, hay que unir
otras consecuencias de la edad, como puede ser tener un sistema
inmunológico y de la regulación de la temperatura más débil, una
mayor pérdida de movilidad y del agua corporal, lo que va a hacer
que el impacto de la deshidratación sea mucho mayor, en su caso. De
esta manera, una hidratación correcta podría llegar a evitar una de
cada diez hospitalizaciones de personas mayores. La razón por la que
los niños son más reacios a beber agua es que apenas tienen sed. Su
sistema inmunológico va a estar menos formado y, por esta razón,
están más expuestos a sufrir enfermedades y toleran mucho peor los
cambios de temperatura. En este caso, uno de los motivos más
frecuentes de deshidratación son las comunes diarreas y
gastroenteritis, que son muy habituales, durante el verano y que, en
muchas ocasiones, se van a asociar con una pérdida de líquidos, por
tanto, hay que tener mucho cuidado.
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