Los
cazadores defienden su consumo, ya que se basan en la idea de que la
carne es más saludable. Es cierto que, desde un punto de vista
nutricional, la carne de caza es mucho menos grasa, que la de un
animal criado. Si un cerdo procede de un matadero municipal, va a
tener entre un 14 y un 15% de grasa, mientras que un jabalí,
alrededor de un 8 a un 10%. Así que, con los datos nutricionales
encima de la mesa, pues si, la carne de caza es más sana. Pero, el
inconveniente de este tipo de carne surge por que no se ha seguido
los controles necesarios, durante la vida del animal. Los
contaminantes se suelen acumular en la zona del tejido grasos de los
animales, en una concentración mayor, cuanto más grande, más viejo
y más grasa haya. Por otro lado, la carne de caza no tiene
etiquetado. Como la carne de caza no tiene control, alguno, cuando la
consumimos, debemos asumir unos determinados riesgos. Debemos tener
en mente que son animales salvajes, no sabemos qué vida han llegado
a llevar, si están enfermos, por ejemplo, los conejos pueden ser
portadores de la toxoplasmosis o han podido tomar veneno, antes de
ser cazados.
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